Soy tu lienzo en blanco, listo para ser pintado.

Sin duda alguna, me doblas en experiencia.

No sé qué tanto te guste que te lo recuerde,

pero si me lo pides no volveré a traerlo a tu mente.


Sin duda alguna, leo ‘escribiendo…’ debajo de tu nombre en mis conversaciones

y se me acelera el corazón por completo...

...porque pienso en ti y me desconecto.


Todo lo que creía que era imposible de suceder, ahora tiene una razón de ser.


Analizo tanto las cosas y el motivo más lógico que encuentro es que...

...lo único que anhelo es aprender de ti y así mismo, recibir tus consejos.

Aprender de ti en lo mental, espiritual, profesional

pero antes que nada, en el aspecto físico y carnal…

...que también pesa por igual.


Quiero que me enseñes lo que tú sabes.

Quiero que me ayudes a explotar esta química, que siento cada vez que te veo.

Quiero que me digas que hacer y cómo hacerlo.


Esa pasión que se desbordó en nuestro aquel encuentro,

quiero que se repita cuantas veces sea necesario,

para que yo quite mi escudo por completo…


Ya que hasta ese momento, podré entender todo esto.


Te lo acabo de decir pero te lo repito por escrito...


No sé en qué momento, el pensar en el control que te daría sobre mi cuerpo,

se ha convertido en mi actividad cerebral favorita – uff, que nerd sonó eso.


Porque no creo que sea una fantasía, ya que no logro describirla.

Para ello, yo tendría que tener bien en claro la escena y honestamente,

los roles de cada uno siguen indefinidos y es ahí donde te necesito.


Entonces, por si no te ha quedado claro…

Esta es mi confesión mayor...

… cuando se trata de pensar en qué haría contigo…

Todo lo resumo a que tú eres el pintor y yo soy tu lienzo en blanco...

Listo para ser pintado.


Texto de Letters in Quotes®.



Fotografía por David Aler.

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